ROCIO

Rocio "MI SEGUNDO HOGAR": Con este titulo resumo mi paso por el colegio El Atabal. Entré a formar parte de esta gran familia, formada por grandes profesionales de la enseñanza, con solo 2 añitos; y acabé mis estudios con ellos a la edad de 16 años.
Han sido muchos años junto a ellos, viviendo grandes momentos. Recuerdo ese tiempo con alegría y añoranza.

 

No se me olvida el primer día de clase, cuando todavía llevaba chupete y bebía en biberón. Recuerdo a la maestra que me tomó en brazos, a mi primera maestra; que además de profesional era una persona excepcional. Todavía recuerdo su dulce sonrisa y su mano cálida que me hacía sentir segura en mi primer día de cole.
Desde ese día comencé un camino junto a ellos, junto a todo el gran equipo que conforma el colegio El Atabal.

Año tras año iban viéndome crecer, trasmitiéndome tanto contenidos educativos como valores.
Ellos me enseñaron todo lo que hoy sé; pues tienen un gran nivel de enseñanza, basada en una excelente metodología. Todo esto apoyado claro está, por la profesionalidad y la excelencia de los docentes, que son personas formadas y sobre todo, siempre están cerca de sus alumnos respondiendo a sus necesidades y dificultades.

Pero en el colegio El Atabal además de enseñarte para que llegues a ser una gran profesional en la vocación que tengas, te forman para que seas una gran persona.
Ellos me han trasmitido una serie de valores como la solidaridad, el respeto, la paz , el amor, la lealtad, ...; todo ello gracias a la firmeza e ideario católico que caracterizan a este centro.
Los docentes de este centro educativo siempre ayudan a sus alumnos a crecer como personas, y a que luchen por sus sueños utilizando siempre medios y métodos que no perjudiquen a los demás.

Actualmente estudio psicología y soy directora de una Escuela Infantil, además de haber finalizado mis carreras universitarias de magisterio "audición y lenguaje" y magisterio "educación infantil".
Agradezco al colegio El Atabal por haberme dado la formación adecuada para poder acceder a carreras universitarias; así como la fortaleza, el valor y el afán de superación para la creación de mi propio negocio.
Hoy soy lo que soy gracias a ellos.

 

 

 


 

 

LAURA TORRES

LauraAntigua alumna del Colegio El Atabal y actualmente Registradora de la Propiedad en Las Palmas de Gran Canaria. .

Mi paso por el colegio fue largo e intenso: largo, porque ingresé allá por el año 1990, cuando tan sólo tenía 6 años, y allí estuve matriculada hasta que terminé los estudios de Secundaria. Qué lástima que no se impartieran también los dos años de Bachillerato, porque después de estar toda la vida en mi colegio, no siempre es fácil afrontar un cambio de Centro, máxime a esas alturas. Creo que la explicación quizás esté en que éste es un colegio pequeño, y también ahí reside su encanto; todos nos conocemos y somos casi como una gran familia; e intenso porque a lo largo de 10 años he conocido a muchos compañeros y profesores, cada uno de los cuales me aportó algo nuevo. De todos ellos guardo especial cariño; es más, con algunos de los profesores hoy mantengo, si quiera sea en la distancia, una cierta amistad.

De mi paso por El Atabal tengo, sobre todo, buenos recuerdos. Por las características del Colegio, todo se desarrolla en una ambiente cuasi familiar, de ahí que en muchas ocasiones, encontráramos en el personal docente un apoyo cuando teníamos algún problema.

En el aspecto propiamente académico, siempre he presumido de haber estado en un Colegio con gran calidad en el profesorado. Gracias a su empeño, constancia y exigencia, pude afrontar mis estudios de Bachillerato con un nivel óptimo, teniendo una "base" que me permitió superar las asignaturas sin nigún problema, llegando a ser Premio Extraordinario de Bachillerato, y siendo la máxima nota de selectividad de los matriculados en el Universidad de Málaga en ese año.

En la actualidad, aún sigo en cierto modo vinculada con el colegio; mis hermanos menores se encuentran actualmente cursando estudios en el Centro. Somos 4 hermanos y todos hemos pasado por El Atabal.

Quiero agradecer a todos los que fueron mis profesores del Colegio El Atabal su dedicación y apoyo en esa etapa de mi vida académica, y por el gran cariño que tengo no he dudado en colaborar en esta iniciativa que al fin y al cabo, tiene como objetivo dar a conocer nuestro Colegio a futuros alumnos desde la perspectiva de los que ya hemos pasado por allí.

 

 


 

 

DELIA SALIDO

Delia Resulta muy difícil resumir en un único folio lo que tantos años significan para mí. Yo diría que imposible, pero una de las cosas que aprendí de mano de todos los profesores de el Atabal fue a no rendirme nunca. Así que... ¿por qué no lo voy a intentar?

Si miro hacia atrás veo a un montón de niños con metas e ilusiones, en apariencia demasiado lejanas, como para alcanzar a comprender lo que nuestro paso por esas aulas va a significar en un futuro bastante próximo para todos nosotros. En ese momento, lo que más nos preocupaba era aprobar el examen de lengua o las temidas matemáticas, inventar alguna mentirijilla piadosa para cubrir el olvido de los ejercicios 3,4,5 y 7 del student's book de inglés, repasar la formulación para el "mini examen" de física y química o, algo tan simple como mirar si el nivel de nuestra falda era lo suficientemente aceptable como para no seguir pareciendo una colegiala. Algunas de estas cosas eran importantes, otras... no puedo por menos que sonreír al recordar lo "mayor" que me sentía al darle una vuelta a la cinturilla de la falda para que quedará por encima de la rodilla, o de lo mal que lo pasaba cuando soltaba esas pequeñas mentiras que pensaba muy elaboradas y creíbles a ojos del profesor de turno.

Pero el colegio, el Atabal, es mucho más que todas esas cosas. Es más que los deberes, los exámenes, las risas con compañeros y profesores, la deseada excursión al AquaMijas... Para mí ha sido y seguirá siendo un pilar fundamental de lo que soy hoy. Es cierto que cuando estás sentado en esos pupitres no te das cuenta de nada de esto, pues piensas exactamente lo mismo que yo pensaba hace unos años. Pero conforme va transcurriendo el tiempo y tienes que enfrentarte a esas metas que tan lejanas veías, aprecias en lo que vale todo el esfuerzo diario de los docentes, intentando día tras día que algo, de lo que te explican en clase, quede dentro de ti después de todo, y seas capaz de hacer uso de ello.

Algunos casos prácticos de que los intentos de los profesores sí cuajaron en mí, es que aprobé el examen de historia en Selectividad gracias a las clases de historia del colegio, que a pesar de haber sido siempre muy "tollo" para las matemáticas, aprendí a no rendirme nunca, aunque el obstáculo pareciera insalvable. Al final, las aprobé y escogí la versión difícil en Selectividad. Aprendí tan bien, tan bien lengua y analizar las oraciones de sintaxis que al llegar a la facultad pude corregir a una doctora en filología hispánica que estaba empeñada en decir que un complemento circunstancial de modo era otra cosa. Pude mantener charlas con estudiantes Erasmus en francés e inglés, sé lo que es una polea polipastos y usar correctamente muchas de las herramientas de mi padre por lo que aprendí en el taller de tecnología, que parecía estar preparándonos para montar los muebles de Ikea y que no te den gato por liebre en el taller del coche. También puedo diferenciar los compases de alguna pieza de música.

Pero lo que aprendí no sólo fueron cosas técnicas, conocimientos aplicables a una materia. Aprendí a respetar a mis compañeros, a ayudar al que tienes al lado y que no se le da tan bien como a ti hacer un ejercicio. Aprendí a trabajar hasta la madrugada si fuera necesario para obtener no un buen trabajo, sino el mejor. Aprendí a valorar la ayuda que se me presta y el esfuerzo de todas las personas que día a día me enseñan algo.

Hoy, después de muchos años desde que salí de El Atabal, valoro esas cosas que antes me parecían chorradas y el esfuerzo que los profesores invirtieron en convertirme en una mujer adulta. No en vano, si a alguien también tengo que agradecerle haber conseguido mi licenciatura es a este colegio.

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